La narrativa de Silicon Valley suele estar envuelta en un halo de mesianismo. Se nos ha dicho que la Inteligencia Artificial no es un negocio, sino una misión para “salvar a la humanidad”. Sin embargo, cuando el velo corporativo se levanta —como está sucediendo en la batalla legal entre Elon Musk y OpenAI— lo que queda al descubierto no son santos, sino capitalistas convencionales gestionando una tecnología extraordinaria.
Para ti, como líder o inversor, entender esta transición de “organización sin fines de lucro” a “maquinaria de generación de valor” es crucial. La IA está dejando de ser un experimento ético para convertirse en una industria regida por las leyes inmutables del mercado: capital, competencia y retornos.