En el ecosistema empresarial actual, la innovación ya no es un deporte solitario. La complejidad tecnológica y el auge de la IA han dictado una sentencia clara: o te asocias, o mueres. Sin embargo, la mayoría de las grandes ideas mueren antes de escalar. ¿El motivo? No es la falta de tecnología, sino la incapacidad de colaborar entre departamentos y organizaciones con prioridades opuestas.
Para romper este silo, ha surgido una figura crítica que en Harvard denominamos el “Bridger” (puente): un líder con la inteligencia emocional y contextual necesaria para unir mundos divergentes y transformar prototipos en realidades de mercado.