Adaptación basada en The Economist
Mientras la mayoría de los economistas pronostican una desaceleración para 2026, las señales subyacentes sugieren un escenario muy diferente. Scott Bessent, Secretario del Tesoro de EE. UU., predice un año robusto, y los datos fundamentales parecen darle la razón. Estamos ante una convergencia inusual de estímulos fiscales y monetarios que podría desafiar las expectativas de crecimiento moderado (1,8%) y empujar la economía estadounidense hacia una aceleración significativa.
Para los líderes empresariales, prepararse para una recesión o un estancamiento podría ser el error estratégico del año. Aquí desglosamos los tres motores que están encendiendo la economía y los riesgos ocultos que con llevan.
1. El estímulo fiscal: Recortes de impuestos y “gasto en la sombra”
La narrativa económica actual subestima el impacto de la “One Big Beautiful Bill Act” (BBB), promulgada en julio de 2025. Esta legislación no es solo un recorte de impuestos futuro; tiene un componente retroactivo masivo.
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El impacto directo: Los estadounidenses recibirán reembolsos por recortes de impuestos sobre la renta de 2025 y verán reducciones en sus gravámenes mensuales de 2026. Según el banco de inversión Piper Sandler, esto equivale a “dos años de recortes fiscales en uno”, inyectando aproximadamente 191.000 millones de dólares en la economía.
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El estímulo oculto: La administración ha debilitado la capacidad de ejecución del Servicio de Impuestos Internos (IRS). Adam Posen, del Instituto Peterson, calcula que la menor fiscalización podría equivaler a un estímulo adicional “informal” del 0,25% del PIB, ya que más capital permanece en manos privadas en lugar de ser recaudado.
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El rebote post-cierre: Tras el cierre gubernamental récord de 43 días a finales de 2025, el retorno del gasto federal en 2026 proporcionará un impulso mecánico al crecimiento estimado en un 0,6% del PIB.
2. El comodín judicial de los aranceles
La teoría económica convencional dicta que los aranceles frenan el crecimiento al erosionar el poder adquisitivo. Si las tasas actuales se mantuvieran, recaudarían 215.000 millones de dólares en 2026, actuando como una contracción fiscal.
Sin embargo, el Tribunal Supremo podría revertir esta lógica. Es probable que el tribunal declare ilegales ciertos gravámenes impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA).
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Consecuencia inmediata: Un reembolso masivo a las empresas que pagaron aranceles ilegales en 2025 (aprox. 0,5% del PIB).
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Consecuencia futura: La interrupción de la recaudación arancelaria en 2026. Lo que parecía un freno fiscal podría transformarse, por mandato judicial, en una inyección de liquidez corporativa.
3. La inclinación “Dovish” de la Reserva Federal
Estados Unidos entra en 2026 con los “cañones monetarios” disparando. La Fed ya recortó las tasas al rango de 3,5-3,75% en diciembre de 2025. Pero el cambio estructural es más profundo:
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Cambio de guardia: El presidente Trump nombrará un reemplazo para Jerome Powell en mayo y busca activamente inclinar la junta hacia una política más laxa (dovish), incluso desafiando la permanencia de gobernadores actuales como Lisa Cook en los tribunales.
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Efecto riqueza: Una política monetaria más laxa reduce el riesgo de un colapso bursátil. Wall Street anticipa un aumento del 9% en el S&P 500, sostenido por el auge de la inversión en Inteligencia Artificial, que a su vez goza de un tratamiento fiscal favorable bajo la ley BBB.
Los Riesgos: ¿Es sostenible esta aceleración?
Si bien el crecimiento a corto plazo parece asegurado, la combinación de estímulo fiscal y monetario en una economía que ya crece cerca de su potencial (con un mercado laboral ajustado y salarios al alza) conlleva peligros claros.
El mayor riesgo no es la recesión, sino el sobrecalentamiento. La inflación sigue siendo una preocupación latente. Si la Fed pierde credibilidad en su objetivo del 2% debido a la presión política, el mercado de bonos podría reaccionar exigiendo una prima de riesgo más alta. Un aumento en las tasas de interés a largo plazo (impulsado por los “vigilantes de bonos”) podría encarecer el costo del capital, deshaciendo los beneficios del estímulo fiscal.
Conclusión
Contrario al consenso de desaceleración, los fundamentales apuntan a una economía estadounidense dopada por liquidez fiscal y monetaria. Para los estrategas corporativos, 2026 no es el momento de atrincherarse, sino de capitalizar una demanda robusta, mientras se cubren (hedging) contra la persistencia de la inflación y la volatilidad en el costo de la deuda a largo plazo.

