En las últimas semanas, el panorama del comercio global ha dado un vuelco sísmico. El presidente Donald Trump ha cerrado una ráfaga de acuerdos con naciones que van desde Argentina hasta India, bajo una premisa implacable: alivio arancelario a cambio de concesiones profundas. Mientras que la administración presume de un éxito mercantilista sin precedentes, en las capitales de sus socios comerciales el sentimiento es de una “rendición total”. Sin embargo, un análisis estratégico revela que el verdadero ganador no es necesariamente quien gritó más fuerte en la mesa de negociación, sino quien entendió que la apertura forzada puede ser una bendición disfrazada.
Los “Grandes Perdedores”: El alto costo de no tener palanca
Camboya y Malasia encabezan la lista de los que pagaron el precio más alto. Al carecer de un mercado alternativo creíble y de peso geopolítico, aceptaron acuerdos con una tasa arancelaria recíproca del 19%.
Pero el arancel es solo la punta del iceberg. Malasia, por ejemplo, aceptó cláusulas que le prohíben firmar acuerdos de comercio digital con terceros (específicamente China) sin consultar primero a Washington. Es, en esencia, una cesión de soberanía comercial a cambio de no quedar fuera del mercado estadounidense.
El bloque del poder: Conceder poco cuando se tiene mucho
En el otro extremo están la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y Taiwán. Este grupo posee el control de las cadenas de suministro industriales y los semiconductores avanzados, lo que les otorgó una “mano fuerte”.
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Lograron tasas recíprocas del 15%.
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Obtuvieron alivios reales en sectores clave como autos, fármacos y chips.
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La estrategia: Ofrecieron promesas espectaculares pero difíciles de cumplir, como la compra de energía estadounidense por $750,000 millones por parte de la UE. Son compromisos de “titular de prensa” que actúan como escudo contra demandas más intrusivas.
El punto medio de India: Pragmatismo sobre sumisión
India negoció desde una posición de “dependencia limitada”. Aceptó una tasa del 18% y abrió su mercado a productos agrícolas políticamente sensibles (como el maíz transgénico). A cambio, protegió sus sectores de genéricos y autopartes. Es un acuerdo quirúrgico: liberalización dirigida en lugar de una apertura total.
Los campeones inesperados: Argentina y Reino Unido
Si medimos el éxito por el acceso obtenido frente a las obligaciones cedidas, Argentina y el Reino Unido son los claros vencedores. * Ambos aseguraron una tasa máxima del 10%.
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Lograron “excepciones doradas”: Argentina puede vender carne sin aranceles y el Reino Unido obtuvo cuotas de exportación de autos y acero sumamente favorables.
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La clave: Supieron alinear sus intereses estratégicos con la narrativa de Trump, evitando las cláusulas de control más coercitivas impuestas a los países asiáticos.
Lección de liderazgo: ¿Quién gana al final?
Para el estratega, la métrica del éxito no debe ser el saldo de la balanza comercial. Si bien Trump ha logrado que el mundo “compre estadounidense” y desmantele barreras, está imponiendo un costo inflacionario a sus propios consumidores.
Irónicamente, los países que hicieron las mayores concesiones podrían ser los que más ganen a largo plazo. Al verse obligadas a eliminar barreras no arancelarias y abrir sus mercados agrícolas e industriales para sobrevivir, estas naciones están inyectando una dosis de competitividad y eficiencia que sobrevivirá a cualquier administración. En el comercio, como en los negocios, a veces ser forzado a abrirse es el catalizador necesario para la modernización.

