Históricamente, cuando Estados Unidos estornudaba, el comercio mundial contraía un resfriado. Sin embargo, en 2026, el tablero ha cambiado. Ante la escalada de políticas proteccionistas y aranceles unilaterales de la administración estadounidense, el resto del mundo no ha respondido con una guerra comercial simétrica. En su lugar, han optado por algo mucho más letal para los intereses de Washington: la irrelevancia estratégica de los Estados Unidos.
Mientras Washington se encierra en sí mismo, las potencias globales y emergentes están rediseñando las rutas del valor, dejando a las empresas estadounidenses en una posición de aislamiento y costos crecientes que amenaza su competitividad a largo plazo.

